viernes, 14 de abril de 2017

VII CROSS CAMINO DE LA ERMITA DE LA DEHESA

Con los compañeros del Club, antes del comienzo
Después del Medio Maratón de Cáceres, después de realizar el test tras los entrenamientos planificados, que debían decirme, y me dijeron, que había mejorado mis prestaciones, gracias al amigo Juanfran, venía la cita ineludible del CROSS POPULAR CAMINO DE LA ERMITA DE LA DEHESA (¡joder, que nombre más largo!), que se realiza en Jaraiz de la Vera, desde hace ya siete ediciones.
Ineludible porque lo organizan los amigos del C.D. Lanchacabrera, de Jaraiz, excelentes personas y que, además, saben llevar a cabo de forma sobresaliente este evento.
Desde que conocí la prueba, en su segunda edición, allá por el año 2012, solo he faltado en una ocasión, aparte de la del año pasado, al encontrarme aún convaleciente de mi fractura de húmero.
Y para este año hice propaganda entre los compañeros de mi club, Navalmaraton, y así nos llegamos a juntar en esta prueba un total de ocho corredores, en una carrera que batía records de inscripción. Por cierto, que mis compañeros han vuelto gratamente sorprendidos del evento.
Primer kilómetro, selfie de Kini Carrasco
Es cierto que ha habido fallos, lógicos, pero lo importante es que se han reconocido y se han pedido disculpas por los mismos. Eso es lo importante, eso es de gente seria y honesta. Reaccionar con críticas a las críticas es de soberbios. Esta es la diferencia entre la ilusión por llevar a cabo un evento y el buscar organizar con fines puramente mercantilistas. Pero estas cosas se dicen sabiendo, como sé, que organizar un evento es siempre muy complicado, y que dificultades, dudas y errores siempre habrá.
Desde hace tres años la carrera ha ampliado su distancia de los iniciales ocho mil metros a los diez que se llevan a cabo en la actualidad. Un recorrido que tiene de todo, rápido por momentos, un tramo de unos dos kilómetros de puro trail, al atravesar la finca Pasil, y después el impresionante camino de la Ermita por el que se puede correr todo lo que se quiera.
Y hasta allí nos fuimos, en una mañana que vestía de buen tiempo y, para mi gusto, con demasiada temperatura. Tras un breve viaje nos plantamos en la zona de salida, donde dejamos los vehículos, para desplazarnos hasta la Plaza de la Iglesia donde estaba la zona de recogida de dorsales, y zona de ropero.
Al llegar, lo habitual, saludos, abrazos, encuentros con otros compañeros, con los que encontramos en más de una y más de dos carreras. Tras recoger los dorsales, y la bolsa del corredor, nos marchamos a tomarnos un café, tomarnos algunas fotografías, y de ahí nuevamente a la plaza, para llevar a cabo la salida neutralizada. Es este un itinerario que se lleva a cabo desde la Iglesia hasta el Parque de Los Bolos, donde se da la salida real de la carrera. Y allí, la rutina de siempre, calentamientos, carreritas, estiramientos, buscando donde vaciar de líquido, del último líquido, el cuerpo, antes de afrontar el desafío que supone toda carrera.
Mitad de recorrido, hidratándome
Y tras las palabras de agradecimiento del Presidente del Club, Juanjo, se da la salida con un cohete lanzado al aire, echando a correr los más de ciento cincuenta corredores inscritos, en un evento que no para de crecer, y que seguirá creciendo, porque cuando se hace bien, esa es la recompensa.
Y así, empezamos el trayecto, que nos lleva por dos kilómetros que tiran para abajo, lo que permite alegrías al cuerpo y a las piernas, ahora que aún están frescas, por lo que los dos parciales se hacen rápidos, muy rápidos, el primer kilómetro en 4:03, el segundo en 4:01. Hemos salido juntos Pedro y yo, estando por delante Rubén, que se halla pertrechado con los elementos necesarios para correr, después, con su perra, Luz. Poco a poco, Pedro me va dejando, aunque mantengo la distancia visual con ellos. Es pasar el cartel del kilómetro 2, y ya estamos dentro de la finca Pasil, donde ya desaparece las marcas de los caminos y solo unas cintas nos marcan el trayecto a seguir, vamos en fila de a uno, por un trazado en el que se va a ir complicando el poder pisar. Es pasar el puente que se ha improvisado para cruzar el arroyo, y ya el camino ofrece su versión más agreste, sendas muy estrechas, piedras, entre ramas, tengo que mirar más para abajo que para el frente.
En este tramo empiezo a decaer en mi ritmo, y es que si los otros dos kilómetros los he hecho de forma rápida, en estos casi dos mil metros, salta por los aires cualquier cadencia. Llego a una zona muy estrecha, no muy bien determinado el itinerario a seguir, donde me equivoco de dirección, y me llaman la atención desde atrás. En este punto me adelantan tres corredores, entre ellos Josequi, quien decía que iba a salir tranquilo, y al final se ha lanzado a correr.
Con Germán, buscando el kilómetro 8
Tras este momento nos vamos hacia una zona de subidas y bajadas, que nos lleva a la casa de la finca, llamada Villa Pasil, donde la señora, como siempre, está ahí aplaudiendo a todo el que pasa. Salimos a un camino que permite correr algo mejor, giro a la izquierda, nuevo giro a la derecha, y de frente la cuesta de los cerezos, que como en la última ocasión, casi me equivoco al cogerla, si no es porque veo a algunos corredores delante, a saber donde hubiera acabado. Pero, en fin, hay que seguir adelante. Se acaba la cuesta y salimos a la zona de atrás del Polígono, zona de asfalto, y a empezar, nuevamente, a correr. Giro a la derecha, y estamos en la vía principal del área industrial, paralelo a la carretera, donde se ve una hilera de corredores, por un lado, una hilera de senderistas, por otro lado, y el avituallamiento líquido. Por delante, Rubén se para a coger a su perra para hacer este trayecto, los últimos cinco mil metros, todo de tierra. En este momento le tengo casi al alcance, y por delante, veo a Germán, del club organizador. En este tramo he dejado atrás a tres corredores.
Llegando a la meta
Tras coger la botella de agua, y echar dos sorbos, me apresto a pasar el paso canadiense que lleva al camino, el cual es un paso peligroso, porque las barras, no permiten apoyar bien los pies. Quizás poniendo una plancha metálica, se haría mejor. El camino pinta hacia abajo, aunque de vez en cuando te aparece alguna pequeña subida, que, sin embargo, no detienen el ritmo. Voy a buen ritmo, ahora no veo ningún cartel kilométrico, y cuando veo el séptimo kilómetro, veo que he realizado estos tres mil metros en 12:49, a 4:16 el kilómetro. Adelanto a Rubén en el momento en que su perra para a beber agua de una charca. Germán le tengo cada vez más cerca.
Se acerca la rampa que lleva al kilómetro ocho, donde antes se situaba la línea de meta, y alcanzo a Germán, con el que comparto esta rampa. Tras terminar la misma, le dejo y me voy para adelante, a por los últimos dos kilómetros. Adelanto a otro corredor, paso el kilómetro nueve, estos dos últimos los realizo en 8:07, excelente crono, a 4:03 cada mil, y más a estas alturas de carrera. Siempre he sido diesel, y en estos momentos es donde se nota. Por delante va el padrino de la carrera, el paratriatleta Kini Carrasco, quien va de relax, haciéndose fotos, disfrutando de este último tramo, de gran belleza, por retamas y jaras.
Ya solo quedan mil metros, hay que echar el resto, voy solo, creo que nadie me va a poder alcanzar. Alcanzo a Kini, quien me anima, y me dice que me pare a echarme una foto con él, lo que hago con sumo gusto; ya solo quedan cuatrocientos metros, pero estos se ponen de pie, son en subida, te obligan a realizar un último esfuerzo, un último tirón. Hay que apretar los dientes, hay que zapatear, clavar las piernas y seguir. Levanto la mirada buscando el arco de meta, pero no aparece, y el terreno se revira, hasta que, al fin, la silueta del hinchable empieza a aparecer, uno ya sabe que está acabando.
Unos metros más y al final se ve la zona de meta, en toda su plenitud, entero, grande, colorido, quedan ciento cincuenta metros, de línea recta, esto ya está hecho, no viene nadie, así que me relajo un poco y me dejo llevar. Beso al aire, para mi padre, y paso por el arco. Tiempo final 33:45, medio minuto menos que hace dos años, mi anterior participación en la carrera, puesto 37 de 143.
Con Kini Carrasco, al acabar la carrera
He llegado cansado, eso no lo voy a negar, pero con buenas sensaciones, me he recuperado bien del paso por los kilómetros 3 y 4. Sin estos dos kilómetros, los ocho mil metros me han salido en 33:16, a 4:08 el kilómetro. Pero esto son elucubraciones, esta carrera, este evento, es así, tiene este circuito, y es lo que hay, y no hay más que hablar.
Van llegando todos los compañeros que faltan por terminar; antes entraron, en este orden, Pedro, Josequi, luego yo, y detrás Ruben Mateos, Antonio y Ruben Gómez, Javier y Dalia, cerrando Nicanor. Saludos entre todos, y ahora a cambiarse, a ponerse un poco guapos, unos más que otros. Mientras esperamos que empiece la entrega de trofeos y el sorteo, nos hacemos una fotografía con Kini. Tras los trofeos. En el sorteo, sin suerte, para no variar.
En resumen, jornada excelente, con un día muy bueno, incluso caluroso, y una gran organización. Al año que viene volveré, seguro, si las circunstancias no lo impiden, esa es mi intención y lo que está claro que vendrán también más compañeros.
Ahora ya solo queda centrarse en el tramo final de preparación para el Medio Maratón de Gijón, que es el día 29 de abril, pasando antes por los diez kilómetros del Cross Urbano Subida al Cubo de Coria, el día 23 de abril.
Y para finalizar, aquí os dejo el enlace a la canción CANALEROS, del grupo español MAREA, uno de los grupos que escucho cuando voy corriendo.

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