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lunes, 1 de abril de 2019

V MEDIO MARATON DE BADAJOZ

Antes de salir
Con temores, por los problemas físicos que arrastro, llegaba una nueva cita con un Medio Maratón, en este caso, concretamente, con el de Badajoz. Y es que, a pesar de haber levantado un poco el pie después de Valdelacalzada, tras Mérida, empecé con problemas en el piramidal, que me impedían entrenar con normalidad. Así que con toda esta situación, el lunes antes, me puse en manos de Oliver, mi fisioterapeuta, quien tras una intensa sesión, me recomendó que no hiciera nada hasta el domingo de la prueba, y que realizara bastantes estiramientos. 

Así que la semana transcurrió esperando que llegara el fin de semana, notando en cada momento, bien de forma real, bien de forma figurada, molestias en la zona del piramidal, lo que me hacía que por la cabeza me rondaran situaciones bastantes negativas. 
Al final, el domingo, muy de madrugada, me levanté, eran las 5:15, y a las seis nos pusimos Carlos y yo camino a la capital pacense. Éramos los únicos del club, que saliendo de Navalmoral, íbamos a participar en esta prueba, Carlos en el maratón, yo en el medio maratón, y es que algún compañero más quiso correr, pero la organización cerró demasiado pronto el plazo de inscripciones, aún cuando éstas no se habían completado. En menos de dos horas estábamos en Badajoz, y fuimos a coger el dorsal, con la bolsa. 
Después nos juntamos con Alberto, que afrontaba su medio maratón número cien, y Natalia. Carlos se fue para la salida, ya que el maratón tenía la salida programada a las nueve, y nosotros, los del medio maratón, lo hacíamos un cuarto de hora más tarde. Fue en este intervalo, donde me tomé mi ya habitual zumo y plátano, con los que afronto estas carreras, además del ibuprofeno para mitigar los posibles dolores, así como me apliqué crema en la zona afectada. Así que, con todos estos elementos, salí para la zona de salida. Al ser tan temprano, la mañana se presentaba fresca para salir en tirantes, pero las previsiones hablaban de temperaturas más altas según fuera avanzando la matinal.

domingo, 25 de marzo de 2018

IV MEDIO MARATON DE BADAJOZ

Todos los del club (menos Sergio), antes de salir
Las ganas pueden ser muchas, la ilusión también ser la máxima, que cuando la realidad te demuestra su cara, justo en ese momento debes aceptar que no es posible lograr siempre lo que se quiere. Así lo viví yo en Badajoz, el pasado domingo.

El día 18 de marzo, participé en la cuarta edición del Medio Maratón de Badajoz, incluido dentro de la prueba del Maratón Popular de la ciudad pacense, que ya celebraba su 26ª edición. Esta prueba nació como consecuencia de que muchos corredores nos hemos inscrito al Maratón, y, después, nos hemos retirado al paso por el Medio Maratón, por lo que al calor de la creciente afición a la participación en las carreras populares, desde la organización se decidió, con buen criterio, instituir esta prueba, por cuanto el recorrido de la prueba reina, es a dos vueltas. 
Y así, el domingo, a eso de las cinco y media de la mañana sonaba el reloj, para decir que era el momento de levantarse, para marchar hacia la capital pacense, porque las carreras tenían su comienzo previsto para las nueve y nueve y cuarto de la mañana, primero el maratón, después el medio maratón. Y como no solo yo soy el loco, hasta trece corredores del club nos dirigimos a Badajoz, en una mañana fresca, algo nublada, pero que, según las predicciones meteorológicas, no iba a obsequiarnos con la lluvia, como así habían sido varios días de la semana pretérita. 
Y en esta semana previa observé, noté, que no estaba fino, que las piernas no respondían con la misma frescura que anteriores jornadas, no corría redondo, había que pelear para buscar un ritmo adecuado, cuando éste antes fluía solo. No tenía las mejores perspectivas para la carrera, y eso que mi intención era pelear por conseguir un buen crono. 
Una vez llegamos a Badajoz, allí nos esperaba el amigo Javier con todos los dorsales, y tras tomar un café, unos, otros como yo, mi ritual de zumo y plátano, nos fuimos yendo para el colegio que hacía las veces de guardarropa y vestuarios, donde nos empezamos a poner guapos para la carrera. 
Se iban acercando las aguas del reloj a esa combinación que marcaba las nueve en punto, hora de comienzo del maratón, para que el que estaban inscritos cuatro de nuestros compañeros, el incombustible Antonio Serradilla, David, que venía de haber hecho el maratón de Sevilla tres semanas antes, Josequi, con su segunda aventura en la distancia, cerrando Carlos Tapia, el más valiente de todos, ya que era el que estaba menos entrenado de todos.