Oye uno hablar a la gente, con esto de la crisis, de los recortes, de las privatizaciones y ve como el ciudadano, el trabajador, el funcionario, el desempleado, se empieza a creer todo lo que se dice, por las llamadas clases dirigentes, “esto es insostenible”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “los recortes son necesarios. Y así ven que como normal que el gobierno esté recortando. Es lo más increíble que uno puede llegar a escuchar, y es que, como dijo Lenin, “una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad”.
Siempre ha sido pública la sanidad y la educación, aún cuando había menos dinero y medios, se había conseguido mejorar en la asistencia a los más necesitados, y funcionaba. Y ahora, de la noche a la mañana, con un cambio de gobierno por medio, nos venden que esto no se puede aguantar, que debemos contribuir todos (todavía más) con el sostenimiento de los servicios públicos que, paradojas de la vida, van a ser menos públicos que nunca.
Y la gente, muy protestona en barras de bar, y en el interior de los domicilios, de puertas para afuera se calla, se traga todo lo que le están echando, y aguanta con todo lo que le están quitando.
