Primero fue Rodríguez Zapatero, en mayo de 2010, quien decidió bajar el sueldo a los Funcionarios un 5%. Después le tocó el turno a Rajoy, que, en julio de 2012, tomó la decisión de quedar a los funcionarios sin paga extra de Navidad. Y entre uno y otro, han ido acordando en cada año, de los últimos cuatro, que el sueldo de los empleados públicos no debe subir. Todo esto ha llevado a una pérdida alarmante del poder adquisitivo de los empleados públicos, que ha trascendido a toda la sociedad.
Y para rematar, Montoro, se acuerda de los empleados públicos, para aumentarles la jornada laboral, y quitarle los días de asuntos propios, vendiéndolo como dádivas que tenían los mismos, cuando, en realidad, esto último fue la forma que se tuvo de compensar a los Funcionarios por la pérdida de poder adquisitivo que sufrieron en tiempos del gobierno de Felipe González. Una más.
Y es que los funcionarios, los empleados públicos, son juguetes en manos de los políticos que los utilizan para salvaguardar su “fortaleza” ante el pueblo, para intentar demostrar su mano dura, ocultando su ineptitud para sacar a los ciudadanos de la situación en la que ellos mismos nos han metido.
Los Funcionarios son utilizados por los políticos para su uso personal, para descalificarlos, faltarles, y salir a la palestra diciendo que son unos vagos, unos acomodados, que no hacen nada para sacar el país adelante, que tienen muchos privilegios, ya que, entre otros, tienen el trabajo asegurado.
Pero, digo yo, como funcionario que soy, puedo tener el trabajo asegurado, que es relativo, ganado en unas oposiciones, pero más seguro lo tienen los políticos, que se buscan el acomodo cuando acaban su “laberíntico” camino en los ámbitos de la demagogia, sin encontrar la salida, y cuando ésta aparece, sus posaderas acaban en los asientos de los Consejos de Administración o bien desempeñan, “de forma magnífica”, su labor en empresas relacionadas con el sector público; entidades a las que, casualidad, se las protege desde los diferentes equipos de gobierno, con ayudas, prerrogativas, subvenciones y dádivas varias.
Y para rematar, Montoro, se acuerda de los empleados públicos, para aumentarles la jornada laboral, y quitarle los días de asuntos propios, vendiéndolo como dádivas que tenían los mismos, cuando, en realidad, esto último fue la forma que se tuvo de compensar a los Funcionarios por la pérdida de poder adquisitivo que sufrieron en tiempos del gobierno de Felipe González. Una más.
Y es que los funcionarios, los empleados públicos, son juguetes en manos de los políticos que los utilizan para salvaguardar su “fortaleza” ante el pueblo, para intentar demostrar su mano dura, ocultando su ineptitud para sacar a los ciudadanos de la situación en la que ellos mismos nos han metido.
Los Funcionarios son utilizados por los políticos para su uso personal, para descalificarlos, faltarles, y salir a la palestra diciendo que son unos vagos, unos acomodados, que no hacen nada para sacar el país adelante, que tienen muchos privilegios, ya que, entre otros, tienen el trabajo asegurado.
Pero, digo yo, como funcionario que soy, puedo tener el trabajo asegurado, que es relativo, ganado en unas oposiciones, pero más seguro lo tienen los políticos, que se buscan el acomodo cuando acaban su “laberíntico” camino en los ámbitos de la demagogia, sin encontrar la salida, y cuando ésta aparece, sus posaderas acaban en los asientos de los Consejos de Administración o bien desempeñan, “de forma magnífica”, su labor en empresas relacionadas con el sector público; entidades a las que, casualidad, se las protege desde los diferentes equipos de gobierno, con ayudas, prerrogativas, subvenciones y dádivas varias.
