“Con esta derrota, el equipo local se aleja de la lucha con los mejores, y debe jugar a finalizar la temporada lo más pronto posible”, narra el locutor de radio.
Una vez finalizado el encuentro, los contendientes se intercambian saludos, algunos las camisetas, el público juzga con silbidos a los locales, y todos se retiran a los vestuarios.
Nuestro personaje se despoja de las vestimentas, y se mete debajo de la ducha. El agua caliente, turnándose con fría, cae sobre su cabeza, sobre su cuerpo, toda la tensión va desapareciendo. Abandona el chorro líquido y comienza a vestirse de persona, aunque su corazón sigue estando en el terreno de juego. Su mente está en la derrota. Ha perdido.
Sale del estadio, la lozanía de la noche le recibe, un aire fresco le acompaña, monta en su vehículo y se dirige a su hogar. Enciende el equipo musical, e inserta un disco, obvia la radio, porque no quiere seguir oyendo la punzada en la herida. La música templa el ánimo.
