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| C.D. NAVALMARATON EN CÁCERES |
Hasta cuatro días antes, no pude
decidir si iba a participar o no en la duodécima edición del Medio Maratón de
Cáceres, que iba a suponer mi número 80. Y es que a estas alturas de temporada
parezco el pupas. Tras Jaraiz, empecé con molestias en el piramidal, que algún
día me hicieron quedarme en casa; después, unas inoportunas ampollas, por estar
probando nuevas plantillas, me pararon otros cuatro días, y, para rematar, los
primeros días de calor me cayeron como una losa, y me hicieron hacer unos entrenamientos,
los últimos dos días, deprimentes. Aún así, y con estas condiciones, decidí
inscribirme.
En esta ocasión, Cáceres presentaba
nuevo circuito a una sola vuelta, sacando la carrera a zonas alejadas del
centro de la ciudad, y llevándonos por el Parque del Príncipe. Para aquellos
que no conocemos de la ciudad cacereña, más allá del centro, era una incógnita
qué iba a suponer este circuito, y el domingo se desvelarían todas las dudas.
Cambiaban, igualmente, la zona de meta, llevándola de Cánovas al Parque del
Rodeo.
Al final, entre unas cosas y otras,
una docena de atletas del club Navalmaraton, nos aprestamos a ir a la capital
provincial, a una carrera, que era especial para mí, por el número que suponía
para mi currículo. Los días de calor del jueves y viernes, pasaron a una mañana
fresca, ideal para mí, aunque con algo de aire, que se dejó notar en algunos
tramos.
Tras llegar a recoger los dorsales, en
la mesa dispuesta en el interior del Parque de Cánovas, siempre escasa de
personal, y con algunas lagunas importantes, recogimos la bolsa que nos
regalaban, que llevaba una camiseta, negra, llena de publicidad, y un
pañuelo-braga, de una entidad bancaria. Y se acabó.
