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jueves, 6 de agosto de 2015

PASARON Y GUIJO

El Circuito Popular de La Vera va llegando a su fin, pero lo que parece que no tienen fin son sus cuestas, que a veces se tornan infernales, y para muestra las de las dos últimas carreras en las que he participado.
Con los compañeros, en Pasarón de la Vera
Empecé el viernes por la tarde con la CARRERA POPULAR DE PASARON DE LA VERA, única carrera en la que había participado una vez en los anteriores años, por lo que era la única que conocía, y en la que tenía un tiempo de referencia.
Hasta allí me encaminé con el amigo José Carlos, para enfrentarnos a la novena prueba del circuito, séptima para mí. Al llegar, nos encontramos con Daniel, y como buen cicerone, me fui con ellos para enseñarles el circuito que había preparado en esta población para los “valientes”, para los mayores. Después llegaron Rubén y Santiago.
Carrera que comienza por un tramo en ligero descenso, giro a la derecha, y entrada a una calle empedrada, que mira, muy ligeramente, para arriba, pero es girar a la derecha, nuevamente, y nos encontramos con la primera exigencia, hasta salir a la Plaza de la Iglesia, donde colocan las vallas para lidiar los toros en sus fiestas, y de ahí a una calle corta, giro a la derecha, y por saliendo a una larga calle, que mirando para arriba, lleva hasta la casa azul, donde la cuesta se pone seria, obligando a todos a hacer un esfuerzo extra, accediendo a un descenso que nos llevará a encarar la zona del puente y la subida a la Ermita, piedra de toque definitiva de la carrera. No son más de doscientos metros, pero quedan las piernas listas para la bajada, sin descanso, que hay desde la parroquia hasta la zona de meta, por calles empedradas, con descensos, en algunos tramos, pronunciados, dos giros de noventa grados y salida a la carretera del pueblo, que lleva al arco de meta, unos mil quinientos metros de continuo subir y bajar, sin descanso alguno.

miércoles, 7 de agosto de 2013

V CARRERA POPULAR PASARON DE LA VERA

Comenzó la temporada 2013/2014 para mí. Después de tomarme un descanso durante parte del mes de junio, y de entregarme a entrenamientos durante el mes de julio, he llegado a este punto con sensaciones contradictorias, poco claras. Muchos días me ha costado salir, los ritmos no han sido los esperados. He salido casi todos los días, he hecho carrera a pie, he montado en bicicleta, más bien he hecho equilibrismo sobre dos ruedas, porque me defiendo fatal encima de la misma. 
Así que una vez ha llegado el mes de agosto, llegó el momento de participar en alguna carrera, para ver qué tal lo llevo. Y así, decidí acudir a la Carrera Popular que se celebró en la localidad de Pasarón de la Vera, una de las localidades más desconocidas para mí de la comarca verata, pero de una gran belleza… y una gran dureza el circuito. Pero vamos por partes. 
El sábado partí, junto con mi familia a Pasarón, pueblo de mi compañero Juan Pedro, para participar, por primera vez, en siete años, en una carrera del Circuito Popular de la Vera, en el que no participo porque las carreras son en junio y julio, meses en los que he decidido no participar, porque hay que descansar en cuanto a competiciones se refiere, porque el año se hace muy largo, y el cansancio, además de físico, psíquico, aparece. 
Pues lo dicho, después de llegar, hay que ir a inscribirse, y a saludar a los compañeros de fatigas, de carreras durante todo el año. Allí estaban Susi, Marcial, Dionisio, Antonio, los lanchacabreros, y otros tantos más. Saludos a uno, intercambio de palabras con otros. Y ya tengo el dorsal en la mano, cuando se me acerca a Alberto, quien ya está vestido para la batalla, pero yo aún sigo con ropa de paseo. Así que voy a cambiarme, a ponerme para la carrera. Ya tengo mi dorsal puesto, ya empiezo a calentar. 
Voy con Alberto, que me lleva a hacer el recorrido, advirtiéndome que el circuito es bastante duro. Empezamos a hacerle, y observo que, efectivamente, la mayoría es en ascenso, poco tiempo para el descanso, zonas adoquinadas, calles estrechas, giros repentinos, y después de una larga bajada, acceso a un puente, y llegada al punto más duro de toda la carrera, del circuito, la subida a una iglesia, son tres tramos unidos por otras tantas curvas que no dejan ver lo larga que es, pero que las piernas van sintiendo a cada zancada. Después un descenso, continuado, curvas de noventa grados y salida a la carretera, único tramo en el que se puede correr. Damos dos vueltas al circuito, tiempo en el que los improperios hacia el que diseñó el mismo salen a borbotones.