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| Con los compañeros, en Pasarón de la Vera |
Hasta allí me encaminé con el amigo José Carlos, para enfrentarnos a la novena prueba del circuito, séptima para mí. Al llegar, nos encontramos con Daniel, y como buen cicerone, me fui con ellos para enseñarles el circuito que había preparado en esta población para los “valientes”, para los mayores. Después llegaron Rubén y Santiago.
Carrera que comienza por un tramo en ligero descenso, giro a la derecha, y entrada a una calle empedrada, que mira, muy ligeramente, para arriba, pero es girar a la derecha, nuevamente, y nos encontramos con la primera exigencia, hasta salir a la Plaza de la Iglesia, donde colocan las vallas para lidiar los toros en sus fiestas, y de ahí a una calle corta, giro a la derecha, y por saliendo a una larga calle, que mirando para arriba, lleva hasta la casa azul, donde la cuesta se pone seria, obligando a todos a hacer un esfuerzo extra, accediendo a un descenso que nos llevará a encarar la zona del puente y la subida a la Ermita, piedra de toque definitiva de la carrera. No son más de doscientos metros, pero quedan las piernas listas para la bajada, sin descanso, que hay desde la parroquia hasta la zona de meta, por calles empedradas, con descensos, en algunos tramos, pronunciados, dos giros de noventa grados y salida a la carretera del pueblo, que lleva al arco de meta, unos mil quinientos metros de continuo subir y bajar, sin descanso alguno.

