Terminó la tercera edición del Medio Maratón Valdehuncar – Navalmoral, en el que empleé tantas horas, en el que volqué tantos esfuerzos y tantas ilusiones deposité, junto a mi amigo Julián, y parece que valió la pena. Los agradecimientos y las enhorabuenas, que llegaron a nuestros oidos, a nuestras manos, hacen pensar que se ha trabajado bien.
Pero, como agua pasada no mueve molino, empecé a entrenar nuevamente, me hacía falta, llevaba una semana sin correr, sin poderlo hacer, y me lancé al asfalto, a los caminos, a soltar las piernas, y me hice dos días seguidos de entrenamientos, mejorando uno respecto del otro en tres minutos, y es que las ansias de correr parecían muchas. Pero luego, con las fiestas en el horizonte, hubo comidas, viajes, y así, con dos días de entrenamientos en dos semanas, me planté en el sábado, día de Nochebuena, por la mañana, en Almaraz, para celebrar la XIII EDICION DE LA CARRERA DE NAVIDAD, en la que ya llevo participando varios años seguidos, y con el buen recuerdo del año pasado, en el que conseguí subir al tercer puesto de mi categoría. Para mí, uno de los grandes éxitos de mi modesta carrera como corredor popular.Hasta allí fui buscando hacer una buena carrera. En cuanto vi el plantel de candidatos al triunfo que se presentaron, sabía que, esta vez, ni remontamente, había posibilidad de subir al podio. Había demasiados gallos para tan poco corral. Y es que la estructuración de las categorías hace que todos estemos concentrados en dos categorías de veteranos. Además, que coño, yo no corro por los trofeos, aunque, como dijo aquel “no hace falta, pero a uno le gusta”.


