Sr. Presidente, no esperó a que llegase otro de sus famosos “viernes de dolores”, y aprovechando que tenía que pasar por el Congreso, ese que ignora casi siempre, decidió pegar el mayor tajo que se recuerda al Estado del Bienestar.
Porque usted, y su panda de ministros son los que se sientan cada viernes en torno a una mesa, que no es como la de mi casa, los que comen comida que no es como la de mi casa, que beben vino que no es el que tengo en mi casa, y deciden como van a putear, a joder más a todos los ciudadanos de este bendito país que se llama España.
Ustedes se sienten “legitimados” por el resultado de unas votaciones, en las que una mayoría de las personas que fueron a votar un día, que no de la mayoría de los habitantes del país, le dieron su confianza y con esta “herramienta”, deciden lo que han de hacer, eso sí siempre bajo la atenta mirada de los mandamases europeos, y de espaldas al pueblo.
Y me dirijo a usted, como cabeza visible de todo el entramado político, de ese invento llamado democracia, con más de tres mil años de existencia, que han demonizado y destrozado, ya que en vez de valer para todo el pueblo, solo vale para usted y sus adláteres, para recordarle que yo, Funcionario público, gané mi plaza, como mis compañeros, en unas oposiciones, donde se me exigió una serie de competencias y conocimientos, cosa que a ustedes nadie les ha pedido para presentarse a un cargo político. Y si yo me equivoco, se me puede exigir la responsabilidad, que me puede hacer perder el sueldo, el puesto de trabajo y hasta la libertad, pero si ustedes se equivocan, que no son pocas veces, se van de rositas.






