Pido perdón, a sabiendas que no los concedan,
por ser FUNCIONARIO, por haber decidido, hace ya muchos años, encerrarme a
estudiar, renunciando a los que otros no quisieron, esto es, fiestas, viajes,
en resumen, pasarlo bien.
Pido perdón, por elegir prestar un servicio a
la ciudadanía, entendiendo que esa es una opción tan respetable como otra
cualquiera.
Pido perdón, a sabiendas que no los concedan,
por tener un salario todos los meses en contraprestación a mi trabajo, al que
desarrollo, por intentar resolver cada día los problemas que se me plantean.
Pido perdón porque yo soy el que hace que se
cumplan las caprichosas decisiones, legislativas y tributarias, que dictan esos
mandamases que se creen con la razón, porque en unas horas, de enajenación
mental transitoria, el pueblo les dio su apoyo, creyendo se trataba de gente
legal, honrada.
Pido perdón por ser el obstáculo para que los
políticos puedan tomar decisiones y realizar actos que no se ajusten a ningún
criterio.
Pido perdón, a sabiendas que no los concedan,
por tener varios años un sueldo congelado, porque mi salario siempre ha estado
por debajo de las previsiones más optimistas del gobierno, que después se han
tornado mentira.
Pido perdón, porque después de sacrificios,
esfuerzos, recortes y ataques sin fin, tengo un sueldo que supera la barrera de
los míticos mil euros, al menos en mi caso, pero no el de la mayoría de mis
compañeros.






