jueves, 14 de noviembre de 2013

EL CEREMONIAL


Tras una larga y agotadora jornada laboral, condicionada, como casi siempre, por las tiranteces con intransigentes, que solo critican lo que haces y dices, cuando ellos son los que son merecedores de los mayores reproches, y aderezada con otros especimenes que buscan amargar la vida de los demás, anoche, tocaba plegarse a una de esas reuniones ceremoniosas que tanto odio, o que tan poco me gustan, según se mire, y lo quiera interpretar aquel que acceda a este texto.
Y es que anoche, obligado por las circunstancias, debía enfrentarme a una cena en familia. Familia, un concepto que casi nadie sabe o puede definir, y cuyo valor se ha desvirtuado con el tránsito del tiempo, en esta nuestra sociedad cada vez más individualista, cada vez más egoísta, y cada vez más dada a placeres individuales, que a compartir encuentros en sociedad.
Y es que ante esta situación, cada uno debe proceder a abrir las puertas del armario de su alma, para ponerse el disfraz de la hipocresía, del cinismo, que hará posible acomodarse a la situación de estar rodeado de individuos a los que te unen ciertos lazos familiares, aunque pocos nexos de confianza, y en otros casos, hasta circunstancias inamistosas.
Los convencionalismos saltan a la palestra en estas circunstancias. Hay que ser educado, considerado, debes evitar el caer en provocaciones, no debes incitar a que nada altere la pretendida tranquilidad de este escenario, de esta situación, el barco debe navegar por aguas serenas.
Todos los que nos sentamos a la mesa en este evento, constituimos un catálogo de personajes dignos de ser radiografiados, uno a uno, y es que todos tenemos nuestros defectos, unos mayores, otros peores, y según preguntes a uno o a otro, te darán una respuesta totalmente diferente al anterior; pero yo no, no caeré en esa tesitura en este momento, y opto por seguir tomando una actitud camaleónica para que se observe como normal la situación.

domingo, 3 de noviembre de 2013

VIII MEDIO MARATON RIBEROS DEL TAJO

En plena carrera
Que cada carrera es un mundo, es algo innegable. Y si no que me lo pregunten a mí. Si hace dos semanas acabé muy contento, hoy la sensación no es la misma, pero no por toda la carrera, sino por el final. Pero vamos por partes.
Sin que sirva de excusa, que no lo es, decir que estas dos semanas por razones laborales, por razones meteorológicas, y por otras razones, los días de entrenamiento, habitualmente cinco, quedaron reducidos a cuatro la primera semana, y a tres, más la carrera, en esta semana, con dos días sin hacer nada, entre el último entrenamiento, el jueves y el domingo. Es decir, no todo lo que yo quisiera, pero es lo que hay.
Tras la derrota de mi equipo, el Real Madrid, ante el eterno rival la pasada noche, aderezada con tintes polémicos, unos cuantos compañeros del club nos encaminamos, desde nuestro habitual lugar de encuentro, la fuente del Poblado de la C.N.A., y tras el cambio horario, con la niebla acechando al pueblo, a la población de Malpartida de Plasencia, desde donde se daba la salida a la octava edición del Medio Maratón Riberos del Tajo, que finalizaba en el Parque Nacional de Monfragüe, concretamente en Villarreal de San Carlos, el pequeño enclave que hay en la entrada por el norte a este hábitat de especial belleza y singularidad.
Llegamos a Malpartida y ahí se observan los primeros cambios, y es que donde siempre se situaba la salida, ahora no iba a poder ser, porque se encuentra instalado el mercadillo, que funciona los domingos en este pueblo. Así que tras buscar aparcar en otro sitio un poco más alejado, y conseguirlo, haciendo caso omiso a la señal de prohibido el paso, nos fuimos hacia el Pabellón, donde se recogían los dorsales, y estaban situados los vestuarios y el ropero. Allí empezamos a congregarnos los corredores del club, y es que hasta trece íbamos a competir en esta mañana, que iba a ser despejada, y con una temperatura ideal para practicar nuestro deporte favorito, porque, aunque el sol estaba en lo alto, lo cierto es que los grados no eran mucho, y eso es importante, sobre todo en una carrera que es en carretera abierta, sin apenas resguardos.

jueves, 17 de octubre de 2013

XXVII MEDIO MARATON DE TALAVERA

Vuelta a la normalidad. A esa normalidad que me estaba acostumbrando, y que en la temporada pasada, fatídica para mí, parecía haber perdido.
Pero tras un verano intenso, con entrenamientos que han ido cuajando en mi físico, con una notable pérdida de peso (hasta seis kilos menos), hoy me enfrentaba a una prueba de fuego, importante, para mí.
 Y es que la XXVII Edición del Medio Maratón de Talavera, era esa piedra de toque que debía calibrar mi estado de forma, ese estado que tengo que ir asentando de cara a mi gran objetivo de la temporada, el Maratón de Gran Canaria, allá por el mes de enero.
Los entrenamientos me estaban dando buenas sensaciones, buenos ritmos sobre distancias importantes, y la cosa parecía ir bien. Pero el día antes, las dudas me atenazaban, parecía que las piernas me pesaban como troncos mojados, y la mente empezaba a actuar, haciéndome pensar que no iba a poder con la carrera.
Todos los acontecimientos de la semana, con algún que otro desengaño, con bastantes decepciones, podían llegar a influir en mi rendimiento final, ese era mi gran temor; por tal motivo, intentaba abstraerme de todo eso, para llegar en buenas condiciones, tanto física como anímicas, a la carrera.
Y así, amaneció la mañana del domingo, con algunas nubes en el cielo, y con una temperatura algo fresca, aunque es cierto que era temprano, las ocho de la mañana. Hasta la ciudad de la cerámica nos encaminamos Eloy, Fernando y yo. En la autovía, adelantamos el vehículo de Alberto Piedra, que iba con Juli y Gamonal, ya éramos unos cuantos del club los que íbamos a participar en la prueba.
Llegamos sin incidencia, y tras aparcar cerca de la línea de salida, nos fuimos a retirar los dorsales, y allí empezamos a saludarnos con compañeros del club, con otros habituales de las líneas de salida. El ambiente empezaba a bullir en la zona de salida. Nos fuimos a tomar un café, más bien se lo tomaron, yo con mi habitual ritual de tomarme mi zumo, después puesta del organismo a tono, y a enfundarnos en el traje de faena, de cara a la carrera; ungüentos, cremas, y a estirar y a calentar.

martes, 24 de septiembre de 2013

BUSCANDO EL MAR

No habrá tercera parte, no habrá reposición.
Ni llamadas nocturnas a tu buzón de voz.
No más impertinencias, ni siquiera un perdón.
Abriste diligencias, espero ejecución.

La mano abandona la cintura, lugar en el que reposaba durante largo tiempo, y, al inicio de la canción, empieza a subir por el costado, buscando el pecho de su compañera. Un beso en el cuello, fue el siguiente paso; María sintió como se erizaba el vello; la subida, el deslizamiento de la mano, convertido en caricia, la gustaba; después, su pecho sintió el contacto de su pareja. En un principio, en ese momento, la chica hace un leve intento, un tímido movimiento de su mano, para hacerle desistir, pero después, instantáneamente, aparece la excitación, y surge la rendición. En este momento, ladeó un poco su cabeza buscando aproximarse más a él. Contactaron ambas caras. Se besaron efusivamente, las manos se iban a partes del cuerpo que eran ignotas para ambos. La excitación de ambos era máxima; sus deseos, sus anhelos, estaban desbordados. Sentía como su pareja estaba completamente desbocada, que iba a ser difícil parar esta situación, que hacerle desistir iba a ser prácticamente imposible. Sabía que había llegado el momento, llevaban ya un tiempo, había complicidad, había amor, existía el deseo por ambas partes; pero lo que estaba claro era que éste, sin duda, no era el lugar. Algo le dijo al oído. Asintió con la cabeza, miró a la joven y detuvo su ataque. Después del concierto, habría tiempo, y todas las puertas se abrirían.

No aguantaré el paraguas en pleno chaparrón.
La historia hace aguas y soy mal nadador.
Que mientan los poetas cuando hablen del amor.
Que callen los cobardes como me callo yo.

Sabía que el final estaba cerca, que todo lo que había vivido hasta entonces, lo que había compartido con él, estaba próximo a su terminación. No soportaba la situación. Pensaba que el futuro tenía más puertas que abrir, más lugares que explorar; desde luego estar a su lado era estar recluida, sentirse una esclava; se estaba convirtiendo en la protagonista de una historia sin sentido, que no iba a ningún lado, percibía que su libertad, su expansión, había quedado reducida a la mínima expresión. No buscaba el momento para estar a solas con él, más bien lo evitaba; una excusa, un argumento, todo era válido para impedir esa situación. La sonrisa, la felicidad que si un día llegó a estar en la primera línea de la relación, hoy no dejaba de ser un lejano, un casi inexistente, recuerdo.  El contacto físico había desaparecido hacía ya tiempo, esa llama que denominan amor se estaba apagando, no había leña suficiente para avivarlo; ni la pasión, ni un beso, ni un abrazo azuzaban el fuego para que este no se consumiese; se habían convertido estos gestos en elementos ya desconocidos, ya perdidos. Notó la mano encima de su hombro, miró de reojo hacia ese peso que le molestaba, y con un leve giro, se quitó la mano de encima; él la miró, ella tarareaba la canción. Se acercó a ella para darla un beso, se llevó la copa a la boca. Pensaba, buscaba el porqué, cómo habían llegado a esta situación; intentaba preguntar a su corazón, que era lo que le había alejado definitivamente de él, pero no encontraba respuestas, hasta la memoria parecía aburrida, no quería recordar aquellos buenos tiempos, si los hubo alguna vez. Solo su alma tenía una decisión: el abandono, la huida, el hasta siempre. El final del concierto, significaría el final de la historia.  

lunes, 16 de septiembre de 2013

XI CARRERA POPULAR DE PERALEDA DE LA MATA

C.D. Navalmaratón, antes de empezar la carrera
Con las piernas algo resentidas del día anterior que, aunque es cierto, no fue una carrera en la que me entregara totalmente, siempre vas a un ritmo superior de lo que lo harías entrenando y siempre deja algo de huellas, sumado, además, al hecho que la carrera del día anterior fue por la tarde, acrecentándose con la circunstancia que dicha prueba tuvo un perfil exigente, y ésta iba a ser por la mañana, me enfrentaba a una nueva carrera, en este caso en la localidad de Peraleda de la Mata, a la que últimamente no suelo faltar, y en la que suelo subir al cajón en mi categoría. Así que pocas horas para descansar y recuperar.
Me levanté, desayuné lo de costumbre, porque no hago probaturas, y me fui con mi mujer, a buscar al amigo Alberto Piedra, para ir a correr la prueba. Alberto, se convertiría en protagonista de la carrera. La mañana, despejada, al principio fresca, fue tornándose en calurosa, con carga de humedad.
Tras inscribirnos la amiga Patricia que colaboraba en la prueba, fuimos a ponernos el traje de faena, y como un cicerone, fui a enseñar el circuito a Alberto, a Fran, y a alguno más, ya que el mismo había variado el año pasado con respecto a ediciones anteriores. Ahí, nos fuimos dando cuenta que el calor estaría presente en la carrera, en un circuito con poco resguardo del astro rey.
Al llegar a la plaza, ya estaban algunos compañeros más del Navalmaratón: Antonio Serradilla, Eloy, Fernando Pajares, Javi Moreno, que junto con el que esto escribe, Fran, Javier Rodríguez y Alberto, sumamos una buena nómina de miembros del club. En la plaza estaba el compañero Juan Carlos Alonso con su vástago. Y es que Juan Carlos es originario de esta localidad. Estaba vestido de calle, porque había estado de despedida de soltero y no iba a participar. Empezamos a hacernos alguna foto, y volvimos a calentar un poco más. Al instante, nos llamaron para irnos a la línea de salida. Y cuando estábamos todos allí, a mi lado me di cuenta que estaba Juan Carlos Alonso, vestido de corto, para competir. Al final, le entró el gusanillo; se iba a convertir en un buen compañero de fatigas para la carrera.
En plena carrera, con Juan Carlos
Tras las explicaciones de los organizadores, se da el bocinazo de salida y todos a correr. Por delante, salen dos corredores desconocidos, con Alberto, detrás de ellos. Dionisio, por detrás, y a su lado yo. Giramos la iglesia, una pequeña rampa y a partir de ahí comienza el descenso. Giro de casi 180º y salida a la carretera. La carrera se empieza a estirar. Me pasa Antonio, se quedan a mi lado Miguel, de Romangordo, y Juan Carlos Alonso. En plena recta, veo como Alberto pasa a dominar la prueba, se le ve fino, va lanzado, el que lleva el traje de triatlón detrás, después dos corredores del C.A. Almaraz, luego otros dos corredores más, Antonio, Dionisio, y después nosotros tres. Así está planteada la carrera. No pierdo de vista la referencia de Dionisio, pero no me lanzo a por él, porque el segundo tramo de la carrera es un poco en pendiente, y ahí podría pagar el esfuerzo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

I CROSS OLIMPIADAS SOLIDARIAS ASPACE

Con Eloy (centro) y Boni (derecha)
Hacía ya algún tiempo, tres semanas, en las que no competía en ninguna carrera. No pude asistir a la Milla de Almaraz por motivos familiares, y se presentó ante mí esta posibilidad, la del I Cross que se celebraba dentro de las olimpiadas solidarias a favor de la Entidad ASPACE, en Jaraíz de la Vera, el sábado 7 de septiembre, por la tarde.
Y en esta aventura me vi envuelto, y todo por colaborar con aquellos que están ayudando a un ser muy especial para mí, a la niña más hermosa del mundo, mi sobrina. El fin de esta carrera, colaborar con lo recaudado en la construcción de una residencia para personas con discapacidad en la localidad verata. Mejor destino no puede tener el dinero, máxime en estos momentos en los que los poderes públicos, esos que deben velar por todos los ciudadanos, dan de lado a los más necesitados y los más indefensos, y luego no se cortan en salir llorando porque no nos han elegido para hacer unas olimpiadas. Y es que algunos ya habían hecho el cuento de la lechera, y habían vendido la piel del oso antes de cazarlo. Que les den.

Pues a lo dicho, allí nos encaminamos el amigo Eloy y el que estoy escribe, en una tarde que se presentaba bochornosa y con nubes que tapaban la Sierra de Gredos, vislumbrando que cerca deberíamos andar de pillar una tormenta, como así se demostró. Pero vamos por pasos.
Una vez llegamos, y aparcamos el vehículo, accedimos a retirar los dorsales, y allí, en el interior del campo de fútbol, y en sus exteriores, se estaban celebrando diversas manifestaciones deportivas que se incluían dentro de estas Olimpiadas. Había fútbol 7, vóley playa y pádel, y en la pista de atletismo que circunda el terreno de juego, carreras para los niños. Toda una verdadera manifestación de deporte, lejos de las cámaras de televisión, de la publicidad, deporte de base, el de verdad, el de toda la vida.
En la misma puerta me encontré con el compañero Boni, vestido de calle, lo que me sorprendió, ya que iba a participar. Me indicó que se lesionó la tarde antes jugando al pádel, en la rodilla, y no iba a poder participar, pero estaba aquí para colaborar con los organizadores.
Allí, intercambio de saludos con los amigos del Lanchacabrera y el Hispania, que ayudaban en la organización de este cross: Susi Gil, Germán, Juanjo el Presi, Marcial, y otros tantos, así como otros amigos venidos de otros lugares con los que suelo compartir carreras, ritmos, circuitos: Paco Barquilla, todo un ejemplo con más de sesenta y cinco años, Dionisio, Antonio, y más. Se juntó José Ortega, que suele compartir horas de entrenamientos con nosotros, que vestía la elástica de nuestro club, ya éramos tres los que representábamos al Navalmaratón. En esta carrera tomaba parte, apoyando este evento solidario, PEDRO JOSE HERNANDEZ, de Torrejoncillo, gran corredor de carreras de montaña, vencedor en multitud de pruebas, y verdadero experto en esta difícil disciplina.

jueves, 15 de agosto de 2013

XIII CROSS URBANO DE ROMANGORDO

Antes de empezar la carrera
El pasado sábado, día diez de agosto, decidí acudir, nuevamente, al Cross Urbano que se celebraba en la localidad de Romangordo. Y digo nuevamente, porque el pasado año no participé. Pero en esta ocasión, opté por volver a correr en esta prueba, una carrera con la que solía abrir casi todas las temporadas de carreras, pero que en este año, con la prueba anterior de Pasarón, me he saltado esta regla.
Pues bien, hasta allí me encaminé con mi amigo y compañero Alberto Piedra. Durante el viaje le fui hablando sobre esta carrera, una prueba de gran tradición y solera en el atletismo popular de la zona, en la que han ganado grandes corredores, algunos de talla nacional. Le expliqué las partes más difíciles de la carrera, la subida del Pilón, la bajada dentro del pueblo, en fin todo aquello que yo conocía.
Por la hora de comienzo de la carrera absoluta, las 21’15 horas sabía que la carrera no se iba a encaminar, como los anteriores años, hacia el merendero, porque no habría luz, por lo que la carrera, debería hacerse por el pueblo, y así sucedió.
Pues bien, allí llegamos, aparcamos el vehículo, y nos encontramos con el amigo y compañero Fran González (alias Yango). Como teníamos tiempo de sobra nos encaminamos a inscribirnos, viéndonos allí con algún que otro corredor conocido de otras carreras, lo habitual en estas pruebas.
Al poco, llegó el presi, Antonio Serradilla, por lo que allí estábamos los cuatro mosqueteros que íbamos a defender los colores del club Navalmaratón. Hablando con los corredores del municipio, nos hablaron del recorrido propuesto, el que íbamos a hacer, un total de unos 6.300 metros y el planteamiento era un poco complicado, ya que primero se corría por caminos fuera del pueblo, y después se daban dos vueltas por el interior del pueblo, teniendo que realizarse unos trescientos metros para llegar a la meta, fuera del recorrido interno. Teníamos nuestras dudas que aquello pudiera resultar bien, pero, en fin, ya estábamos en la carrera, y fuimos a calentar, para ir soltando las piernas y entrar un poco en calor y sudar, lo cual no fue difícil, ya que la temperatura era bastante alta, pues rondaba los 35 grados, desde luego mucho para las horas que eran. Confiábamos en que a la hora de la salida, la temperatura bajara un poquito.

miércoles, 7 de agosto de 2013

V CARRERA POPULAR PASARON DE LA VERA

Comenzó la temporada 2013/2014 para mí. Después de tomarme un descanso durante parte del mes de junio, y de entregarme a entrenamientos durante el mes de julio, he llegado a este punto con sensaciones contradictorias, poco claras. Muchos días me ha costado salir, los ritmos no han sido los esperados. He salido casi todos los días, he hecho carrera a pie, he montado en bicicleta, más bien he hecho equilibrismo sobre dos ruedas, porque me defiendo fatal encima de la misma. 
Así que una vez ha llegado el mes de agosto, llegó el momento de participar en alguna carrera, para ver qué tal lo llevo. Y así, decidí acudir a la Carrera Popular que se celebró en la localidad de Pasarón de la Vera, una de las localidades más desconocidas para mí de la comarca verata, pero de una gran belleza… y una gran dureza el circuito. Pero vamos por partes. 
El sábado partí, junto con mi familia a Pasarón, pueblo de mi compañero Juan Pedro, para participar, por primera vez, en siete años, en una carrera del Circuito Popular de la Vera, en el que no participo porque las carreras son en junio y julio, meses en los que he decidido no participar, porque hay que descansar en cuanto a competiciones se refiere, porque el año se hace muy largo, y el cansancio, además de físico, psíquico, aparece. 
Pues lo dicho, después de llegar, hay que ir a inscribirse, y a saludar a los compañeros de fatigas, de carreras durante todo el año. Allí estaban Susi, Marcial, Dionisio, Antonio, los lanchacabreros, y otros tantos más. Saludos a uno, intercambio de palabras con otros. Y ya tengo el dorsal en la mano, cuando se me acerca a Alberto, quien ya está vestido para la batalla, pero yo aún sigo con ropa de paseo. Así que voy a cambiarme, a ponerme para la carrera. Ya tengo mi dorsal puesto, ya empiezo a calentar. 
Voy con Alberto, que me lleva a hacer el recorrido, advirtiéndome que el circuito es bastante duro. Empezamos a hacerle, y observo que, efectivamente, la mayoría es en ascenso, poco tiempo para el descanso, zonas adoquinadas, calles estrechas, giros repentinos, y después de una larga bajada, acceso a un puente, y llegada al punto más duro de toda la carrera, del circuito, la subida a una iglesia, son tres tramos unidos por otras tantas curvas que no dejan ver lo larga que es, pero que las piernas van sintiendo a cada zancada. Después un descenso, continuado, curvas de noventa grados y salida a la carretera, único tramo en el que se puede correr. Damos dos vueltas al circuito, tiempo en el que los improperios hacia el que diseñó el mismo salen a borbotones.