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| Antes de empezar la carrera |
Plantearse una carrera con una
preparación escasa, al menos por debajo de lo que llevaba antes de fin de año,
e intentar hacer una buena competición, y más aún cuando uno no está
mentalizado del todo lleva a estrellarte en tus objetivos.
Y esto fue lo que me sucedió en
Plasencia, hace unos días, concretamente el domingo día dos de febrero, en la
segunda edición de su medio maratón. Cierto es que después de ver que el viaje
al Maratón de Gran Canaria se convertía en un imposible, en una utopía, me
decepcioné de tal forma que me abandoné. Durante diez días ni siquiera llegué a
salir, porque las ganas parecían haber desaparecido. No había intención de
salir, y por momentos pensé incluso en dejar el atletismo. Me había dejado la
piel durante bastantes meses, durante muchos entrenamientos, con un objetivo,
hacer una buena carrera en el Maratón de Gran Canaria, y cuando ésta se diluyó,
todo pareció saltar por los aires.
Pero, al final, empecé a salir
nuevamente, a correr, con pocas ganas, buscando recuperar la forma que podía
haber perdido y, efectivamente, ésta se ha perdido. Es tan ingrato este
deporte, esta afición, que cuando te dejas un poco, llegar otra vez al nivel en
el que antes te encontrabas, cuesta un
mundo, y eso es lo que me está pasando a mí.
Así que, una vez decidido que iba a ir
a Plasencia, lo único que quedaba era llegar lo mejor posible, para pasar el
trago de forma decente. La meteorología, la jornada partida, las obligaciones
familiares hacen el resto, y dificultan las jornadas de entrenamiento, y así
fueron transcurriendo los días, saliendo, haciendo kilómetros, y con días en
los que parecía arrastrarme, más que encontrar sensaciones óptimas para correr.
Las previsiones de fuerte viento para
el domingo, hacían incluso más difícil el hecho de decidirse a marchar a la
ciudad del Jerte. Visitas continuas a internet en busca de una seguridad en las
predicciones para el domingo, ya que se habla de fuerte viento, lo que hace más
difícil, si cabe, marchar a la ciudad del Jerte. El sábado mucho aire, para el
domingo poco, al menos una alegría.



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