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| Calentando con los compañeros |
Ya parece que las piernas se van adecuando, que voy llegando a los ritmos de pretéritas temporadas. Que todos los esfuerzos y penurias que pasé los primeros días tras la reincorporación al mundo del atletismo popular, el de salir a correr, a hacer kilómetros, esos kilómetros que me dejaban hundido física y psicológicamente, que me hacían pararme más de una vez, van quedando atrás.
Tras un fin de semana, el del 6 al 8 de septiembre, en el que llegué a plantearme si merecía la pena prepararse para participar en alguna carrera, si no sería mejor ir solo a correr, sin más, los días posteriores me fueron dando otra perspectiva, aquella en la que los ritmos iban saliendo, que un día sí y otro también, se iba mejorando, y que las piernas respondían a las exigencias.
Y así amaneció el sábado veinte de septiembre, con las dudas aún de si iba a participar o no en la Carrera de San Miguel de Navalmoral, que este año veía recortada su distancia a los 4.827 metros, tres millas, “tres millas moralas”, como vertía el cartel de la prueba. Y como no lo tenía claro, ni durante toda la semana, había realizado los entrenamientos sin tener en cuenta esa prueba, y hasta el mismo viernes me había metido un entrenamiento fuerte, de subidas y bajadas.
Pero ya, el sábado por la tarde, decidí acercarme a la carrera, a participar, y allí me encontré con varios compañeros del club, y con algunos amigos de otras localidades que venían a participar en esta prueba.
Así iniciamos el calentamiento, para conocer el circuito, al que íbamos a tener que dar tres vueltas. Ya habíamos sudado lo suficiente, y poco a poco fuimos acercándonos para la salida, donde unos sesenta corredores nos apostamos para salir. Tras un homenaje a nuestro querido amigo Valeriano, se dio la salida. Todos a correr.






